• martes 29 de noviembre del 2022

Aixa de la Cruz: "Las relaciones familiares son profundas y contradictorias y, por consiguiente, muy literarias"

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VALÈNCIA, 23 Oct.

La autora Aixa de la Cruz resalta la relevancia de la familia como fuente de inspiración, en tanto que ese es "el sitio donde adquirimos los pilares de nuestra identidad, donde se nos asignan permisos de forma frecuente arbitrarios de los que nos cuesta liberarnos de mayores, donde primero se nos quiere o primero se nos hace daño". "Las relaciones familiares son profundas, complicadas y contradictorias y, por consiguiente, muy literarias".

Así lo asegura la autora vasca, en afirmaciones a Europa Press, sobre su novedosa novela, 'Las herederas' (Alfaguara). En ella, el suicidio de la abuela Carmen sirve de punto de inicio a fin de que sus 4 nietas vuelvan a la vivienda del pueblo donde murió y que han heredado.

'Las herederas' es una historia que nació en medio de una pandemia. "Pasamos el confinamiento riguroso en Bilbao, encerrados en un apartamento diminuto, realizando turnos de trabajo y crianza, trabajo y crianza. La pequeña aprendió a caminar en el hall de aquella casa. Era un bebé y se suponía que no se enteraba de nada, pero recuerdo su ansiedad por el modo perfecto en que se podía pasar horas lanzando los libros de las estanterías al suelo. Tampoco tenía considerablemente más que llevar a cabo, y tampoco era la única con ansiedad. De esos días recuerdo, más que nada, la perplejidad frente al trabajo, que el trabajo no concediera un respiro ni en el momento en que se suponía que se se encontraba finalizando el planeta ahí fuera", recuerda.

"En el momento en que nos desconfinaron, --sigue-- decidimos que no íbamos a regresar a pisar aquel apartamento, ni a vivir en la localidad, y procuramos cobijo en la vivienda que tiene mi abuelo en una pequeña aldea burgalesa donde medró. Diría que 'Las herederas' es fruto de esa casa, que, como todas y cada una de las viviendas viejas, está un tanto encantada; de la liberación que supuso resguardarse en lo rural --y de lo bien difícil que resultó habitarlo, sin servicios, sin iluminado público-- y de esa reflexión ambiente al trabajo, la patología y el padecimiento psíquico que acarreó, para mí, la pandemia".

Entre otros temas, la novela aborda el de la salud psicológica. La autora admite que no posee respuestas en general sobre la cuestión, pero apunta que en su libro las personajes principales "consiguen sanarse apartándose de la medicalización y intentando encontrar marcos imaginativos en los que sus vivencias se validen y se normalicen".

"El pensamiento mágico las asistencia, conocerse brujas en vez de locas, comprender que la disparidad es un factor a través de el que se acalla y anula el testimonio de quienes se distancian de los factores que se piensan normativos en un preciso instante histórico", dice.

Añade que en la pandemia, "por vez primera, no nos hemos visto solas en nuestro padecimiento psíquico y era simple apuntar el origen de nuestra ansiedad, comprender que tenía causas ajenas y que estas causas, en mayor o menor medida, nos estaban afectando".

"Pienso que lo más esencial es que se están viniendo abajo los alegatos biomédicos reduccionistas que, a lo largo de décadas, nos quisieron vender que el padecimiento psíquico era una patología privada, algo que comenzaba y terminaba en nuestro cuerpo. Como afirma Nora en la novela, si nos encontramos locas va a ser por el hecho de que nos han enloquecido. Para mí, el enfrentamiento en salud psicológica debería enfocarse en esto: hay que estudiar a hallar y denominar las violencias sistémicas que nos aquejan y buscar medidas colectivas para atajarlas", piensa.

Sobre el desarrollo de construcción del libro, apunta que, al comienzo, deseaba redactar una novela que se centrara en el suicidio, en de qué manera se trata que alguien amado se vaya por su mano, y edifiqué 4 individuos que tenían 4 miradas o explicaciones diferentes sobre este suceso.

Está Olivia, que es la que se niega a confrontar al desafío por la desaparición de su abuela (suicida) y lo suplanta con una especide de pesquisa detectivesca, ofuscada con saber las causas. Luego está Erica, que, siendo alguien muy espiritual, está habituada a que haya enormes cuestiones que carecen de contestación y es la que aboga por respetar la intención de la fallecida, no requiere comprenderlo todo.

Y, por último, están Nora y Lis, que se combaten a la desaparición de la abuela con una observación mucho más determinista: Nora, que es adepta a las drogas, considera que la abuela, que asimismo lo era, se suicidó por culpa de la drogadicción, y Lis, que carga con un diagnóstico siquiátrico, da por sentado que la disparidad corre en sus genes, que ella es portadora del gen que llevó a su abuela a matarse, del gen de la disparidad.

Asimismo, asegura que su intención era "ofrecerle la vuelta a este cliché del género de terror que inaugura 'Otra vuelta de tuerca' de Henry James". En esta novela, recuerda, una institutriz nos comenta en primera persona de qué manera llega a habitar una vivienda por la que merodean los espectros de su precursora y su apasionado, pero el giro final nos revela que, de todos modos, nada de lo que nos ha contado era cierto, que sencillamente se encontraba "desquiciada" (esto es, observando cosas que absolutamente nadie mucho más veía y que eran proyecciones de sus nudos histéricos).

"En rincón de una novela donde al comienzo hubiese espectros y en el final se demostrara que lo que había era disparidad, yo deseaba redactar lo opuesto: una novela donde parezca que todas y cada una están locas y en el final se pruebe que no estaban locas, que había espectros. Porque de esta manera se pone en alerta la iniciativa de que la 'disparidad' sea algo propósito y permanente, un espacio de restauración del orden", concluye.

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