Crónica Valencia.

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El CSIC y Bioinicia colaboran en la creación de inhalables a base de proteínas antifúngicas para tratar infecciones pulmonares.

El CSIC y Bioinicia colaboran en la creación de inhalables a base de proteínas antifúngicas para tratar infecciones pulmonares.

El Instituto de Agroquímica y Tecnología de Alimentos (IATA), centro del Consejo Superior de Investigaciones Científicas (CSIC), en colaboración con la empresa spin-off Bioinicia, ha lanzado el proyecto Inhalafung. Esta iniciativa tiene como objetivo desarrollar tratamientos inhalados basados en proteínas antifúngicas nanoencapsuladas para combatir las infecciones pulmonares causadas por hongos. Según el CSIC, este proyecto contribuirá a incrementar el conocimiento y la aplicación clínica de este tipo de proteínas, en un momento en que la resistencia a los antimicrobianos se ha convertido en un desafío sanitario global de gran importancia.

Las proteínas antifúngicas (AFPs) de hongos filamentosos son objeto de gran interés biotecnológico debido a su poderosa capacidad antifúngica y los diversos mecanismos de acción que utilizan contra los hongos patógenos. Estas proteínas, de tamaño reducido y estructura compacta, son altamente estables frente a condiciones extremas de pH y temperaturas adversas.

Paloma Manzanares, investigadora responsable del proyecto, destaca que estas proteínas son candidatas ideales para controlar infecciones fúngicas que amenazan la salud pública, ya que su acción multidiana reduce considerablemente la probabilidad de que aparezcan cepas resistentes. En el marco del proyecto Inhalafung, el equipo de investigación y técnico producirá las proteínas antifúngicas nanoencapsuladas utilizando una técnica emergente llamada electropulverización asistida por gas presurizado a temperatura ambiente. Esta técnica, propiedad conjunta de Bioinicia y el CSIC, es de gran relevancia para la industria farmacéutica, ya que permite una mayor carga de fármaco en la nanoencapsulación, acelera la disolución y aumenta la biodisponibilidad.

Jose F. Marcos, investigador del IATA, destaca que el proyecto Inhalafung aborda tanto la falta de nuevos antifúngicos como de terapias inhaladas innovadoras. Los resultados de este proyecto, según Marcos, permitirán avanzar científica e industrialmente en el campo de las proteínas antifúngicas y los nanomateriales con aplicaciones médicas.

El Grupo de Proteínas y Péptidos Bioactivos de Interés en Agroalimentación del IATA-CSIC, liderado por Paloma Manzanares y José F. Marcos, está llevando a cabo este proyecto en el marco del programa CSIC Cocrea, que forma parte de Converge, el hub de innovación abierta del CSIC. El objetivo de Converge es fomentar la colaboración público-privada a través del desarrollo de proyectos de innovación abierta y cocreación entre el CSIC y empresas con el fin de encontrar soluciones a los desafíos globales. En particular, el proyecto Inhalafung se enmarca en el área temática de la resistencia a los antimicrobianos, un problema de salud pública reconocido por la Organización Mundial de la Salud (OMS) como una de las principales amenazas a las que se enfrenta la humanidad.

Las infecciones fúngicas representan un peligro real para la salud y son un componente poco reconocido en la crisis mundial de resistencia a los antimicrobianos. Estas infecciones afectan a más de mil millones de personas en todo el mundo, con una tasa de mortalidad superior a la de la malaria o el cáncer de mama. El uso intensivo de antifúngicos en la ganadería, agricultura y conservación de materiales ha provocado la aparición de resistencia a los medicamentos autorizados. Ante esta situación, Sandra Garrigues, también investigadora del IATA, destaca la urgencia de producir nuevos antifúngicos con mecanismos de acción innovadores.

El mercado mundial de medicamentos antifúngicos se estima en 14.300 millones de euros en 2022 y se espera un crecimiento significativo para 2030 debido al aumento de la prevalencia de infecciones fúngicas. Bioinicia considera que los nuevos tratamientos antifúngicos contribuirán al mercado de fungicidas en los próximos años y reducirán los costos globales de los programas de resistencia a los antimicrobianos.