Escalofriante cifra: más del 50% de las tortugas marinas atrapadas en redes de pesca sufren embolia gaseosa.

Escalofriante cifra: más del 50% de las tortugas marinas atrapadas en redes de pesca sufren embolia gaseosa.

Investigadores de la Fundación Oceanogràfic y el Institut de Ciències del Mar (ICM-CSIC) han encontrado nueva evidencia sobre el síndrome de descompresión o enfermedad del buceador asociada a las tortugas marinas que quedan atrapadas en las redes de pesca. Según un estudio publicado en la revista 'Conservation Physiology', más de la mitad de estas tortugas sufre embolia gaseosa. Además, se ha determinado que cuanto mayor es la profundidad de captura y el tamaño de las tortugas, más grave es la afección.

El estudio, en el que también participaron investigadores de la National Oceanic and Atmospheric Administration (NOAA) y la Texas A&M University Corpus Christi, reveló que el 54% de las tortugas sufren la enfermedad después de ser capturadas. El trabajo también encontró que una mayor profundidad de captura y un mayor tamaño del animal aumentan las posibilidades de muerte. Por ejemplo, una tortuga capturada a 100 metros de profundidad con una red de arrastre tiene un 50% de probabilidad de morir, mientras que las tortugas capturadas con redes de enmalle a 45 metros de profundidad tienen la misma tasa de mortalidad.

El estudio se centró en las tortugas bobas, también conocidas como 'caretta caretta', catalogadas como "vulnerables" en la Lista Roja de la Unión Internacional para la Conservación de la Naturaleza (UICN). Se subraya la importancia de comprender todos los factores de riesgo asociados a la captura accidental de estas tortugas para reducir la mortalidad en la pesca.

Daniel García-Párraga, director técnico de la Fundación Oceanogràfic, señaló la importancia de tener instalaciones de recuperación para tratar a las tortugas afectadas y continuar estudiando el impacto de esta enfermedad en escala mundial. El investigador también enfatizó que conocer los factores de riesgo y las consecuencias de la enfermedad es vital para establecer medidas de gestión y conservación.

Nathan Robinson, investigador del ICM-CSIC y coautor del estudio, destacó la amenaza que representa la captura accidental de tortugas marinas y la importancia de conocer la probabilidad de muerte de las tortugas para comprender el efecto real de la pesca en su conservación.

Hasta hace unos años, no se tenía evidencia de que las tortugas marinas pudieran sufrir embolia gaseosa como resultado de la actividad de buceo. Sin embargo, investigadores de la Fundación Oceanogràfic descubrieron en 2014 que las tortugas atrapadas en redes de pesca podían morir por esta enfermedad, lo que alertó a la comunidad científica y destacó la necesidad de estudiar la enfermedad para minimizar el riesgo de descompresión en las tortugas y garantizar su conservación a largo plazo.

Este estudio ha sido posible gracias a la colaboración entre pescadores, investigadores, veterinarios y grupos locales e internacionales, así como a la gobernanza de la actividad pesquera. Cada año, más de cien tortugas marinas llegan al Oceanogràfic después de ser capturadas accidentalmente. Los pescadores colaboran permitiendo que las tortugas sean tratadas en la cámara hiperbárica del centro antes de ser devueltas al mar.

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