• viernes 3 de febrero del 2023

'La Bohème' lo consigue nuevamente y conmueve a Les Arts a través de Gaffigan

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VALÈNCIA, diez Dic.

Nieva en la Sala Principal del Palau de Les Arts, que se sumergió en una noche fría de invierno del París de 1830 para acoger el estreno de 'La Bohème' de Giacomo Puccini, una celebración de la vida y la desaparición que cuenta la pelea de 4 jóvenes artistas contra el anonimato y la pobreza, por el hecho de que, ahora se conoce, "los libres no tienen mañana, solo viven el día de hoy".

La producción impresionista de Davide Livermore, famosa por el público valenciano, regresó ayer por la noche al auditorio --tras representarse en 2012 y 2015-- para arrancar un viaje nostálgico hasta principios del siglo XIX a través del amor entre Mimí y Rodolfo, y Musetta y Marcello.

La guerra entre la vida por el arte y el arte de vivir, mucho más bien subsistir, de esta ópera --producción del Palau de les Arts Reina Sofía y original de Opera Philadelphia-- va a contar con siete representaciones los días 9,11, 15, 19, 21 y 23 de diciembre.

Este tradicional de Puccini compuesto entre 1893 y 1895 tiene libreto de Giuseppe Giacosa y Luigi Ilica, apoyado por su parte, en la novela de Henri Murger 'Scènes de la vie bohème' publicada en 1851 que, como su título señala, refleja qué es lo que significa ser bohemio en el París del siglo XIX, ya que en expresiones del creador "todo buen artista que se precie debe ser bohemio, debe haber vivido por la pobreza de la bohemia".

Como en sus visitas precedentes al Palau de Les Arts de València, el trabajo de Livermore al cargo de la dirección de escena, escenografía y también iluminación respeta el libreto original pero se basa en la película 'Sueños' de Akira Kurowasa. Una actualizada 'mise en scène' introduce proyecciones de Gep Cucco de reconocidos cuadros de pintores impresionistas de la época, Renoir, Manet o Van Gogh, que a veces se transforman en un reflejo de nuestra trama de 'La Bohème'.

Completan el aparato creativo Emilio López, asimismo a cargo de la dirección de escena, que se encara a la parte por octava vez en su trayectoria, y el directivo musical de la Orquesta de la Comunitat Valenciana (OCV), James Gaffigan, quien ahora ha dirigido esta partitura en la Ópera de Viena o la Metropolian Opera de Nueva York, su localidad natal, donde volverá a dirigirla en 2023. Para Gafiggan, el estreno de ayer por la noche fue su primera ópera de la temporada del Palau de Les Arts y, como recompensa, directivo y músicos han recibido entre las mayores aclames del auditorio.

También fue muy festejada la interpretación de la joven soprano valenciana Marina Monzó, que comenzó con Puccini en el papel de la engreída Musetta, tras haberse transformado ahora en Les Arts en Marola en la zarzuela 'La tabernera del puerto' y en Despina en 'Così seguidor tutte'. Pero, indudablemente, el justo reconocimiento del respetable fue para la soprano Federica Lombardi que dio vida a una mágica modista Mimí por vez primera sobre el ámbito, ya que ahora la interpretó en el 'largo-ópera' de Mario Martone en 2022.

Las acompañaron sobre las tablas el tenor Saimir Pirgu que, con su señalada actuación del poeta Rodolfo, regresó a Les Arts tras sus papeles de Don Ottavio en 'Don Giovanni' y Alfredo en 'La Traviata'; el barítono Mattia Olivieri, como el pintor Marcello, que pasó por el Centre de Perfeccionament de Les Arts; el crevillentí Manuel Fuentes en la piel de Colline; Damián del Castillo, en el papel de Schaunard, y Jorge Rodríguez-Norton, que interpreta tanto a Alcindoro como a Benoît.

Se suman al reparto la Escolania de la Mare de Déu dels Desemparats, la Escola Coral Veus Juntes y el Cor de la Generalitat Valenciana, que, vestidos como pobladores del París decimonónico, se transforman en un personaje mucho más de 'La Bohème'. Del mismo modo, artistas circenses y bailarines se dedican a empapar de movimiento y dinamismo la escena. Todos ellos recibieron un caluroso aplauso del público al terminar el segundo acto.

La mano de Davide Livermore está que se encuentra en los 4 actos de la ópera que fuerzan al espectador a transitar de la alegría a la pena con unas escasas notas. Así, 'La Bohème' da comienzo con el entusiasmo de 4 amigos, solicitantes a poeta, pintor, músico y pensador, que viven en una buhardilla donde distribuyen la convicción de "ser contentos en su pobreza".

Durante un corto segundo acto, en el que la escena se traslada desde una calle de París con la Torre Eiffel enmarcando la obscuridad de la noche hasta el Caffè Momus, el público es inútil de centrar su atención en un solo elemento. Sobre el ámbito, mucho más de 50 personas --entre bailarines, artistas circenses y coros-- recrean el ajetreo de un mercado parisino la noche antes de Navidad, tal como la animación de un café alguno de la región.

Los toques de comedia de la sección primera desaparecen prácticamente completamente en el tercer acto, en el que el drama empieza a cernirse sobre los 4 amigos, Mimí y Musseta. Los 4 amantes (Rodolfo y Mimí, y Marcello y Musetta) emiten la tristeza tras su separación en 'Dunque è propio finita!', un aria que el divulgador musical Ramon Gener describió en la presentación de esta ópera en Les Arts como "una genuina obra de ingeniería musical".

'La Bohème' se despidió del coliseo valenciano de regreso a la buhardilla del primer acto con el mal que hace la desaparición: la desaparición del amor entre las dos parejas y la desaparición de Mimí, que expresó su último aliento arropada por la música de la Orquesta de la Comunitat Valenciana.

Dos horas y media después, entre los ayudantes, que se dirigían al salir con evidentes signos de haber gozado la tarde de ópera comentándola en distintos lenguajes, estaban el 'president' de la Generalitat Valenciana, Ximo Puig; la consellera de Educación, Cultura y Deporte, Raquel Tamarit; y la consellera de Justicia, Interior y Administración Pública, Gabriela Bravo.

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