• miércoles 05 de octubre del 2022

Susana Fortes: "Mi modo ideal es ser mediterránea a media día y atlántica lo que queda del día"

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La autora publica 'Nada que perder', una novela de intriga donde Galicia es algo mucho más que un ámbito

VALÈNCIA, 17 Sep.

La autora Susana Fortes, natural de Pontevedra pero enlazada desde hace unos años a València, afirma que su "modo ideal es ser mediterránea a media día y atlántica lo que queda del día".

"El Mediterráneo y Galicia en varios sentidos son las antípodas. El sol incipiente y el sol poniente. La luz influye bastante en el carácter, en el estado anímico. De Galicia me agrada el secreto, la resistencia frente a la adversidad, la sepa total de exhibicionismo, la distinción de comprender enmudecer a tiempo. Del Mediterráneo me chifla la luz, alguna actitud irreverente, ese espíritu hedonista de 'lo que va davant va davant'".

Así lo ha manifestado la autora en afirmaciones a Europa Press con ocasión de la publicación de 'Nada que perder' (Mundo), una novela de intriga en el que las imágenes y el relato sobre la trágica desaparición de 2 pequeños se funden para alumbrar las ubicaciones en sombra.

Sobre qué piensa este nuevo título en su trayectoria, Fortes dice que "existe ese dicho de que todos y cada uno de los escritores terminan escribiendo siempre y en todo momento exactamente el mismo libro", si bien apunta que ella no lo cree.

"La historia de 'Nada que perder' comienza con el descubrimiento en un yacimiento arqueológico de los restos óseos de unos pequeños desaparecidos en el mes de agosto de 1979, pero está contada veinticinco años después y en primera persona por la pequeña de ocho años que subsistió a eso que sucedió- fuera lo que fuera- aquel verano. El lector se marcha a localizar con una atmósfera marcada por el paisaje atlántico. Hay mitología, misterios familiares, años ochenta, el comienzo del narcotráfico en Galicia. Está el planeta de la niñez, el temor, los espectros del pasado, el estremecimiento frente a lo irreconocible, el riesgo, los misterios cuya solución está la mayoria de las veces en el fondo de uno mismo".

"El tema no guarda relación con la Florencia del renacimiento en Quattrocento, ni con la guerra civil de Esperando a Robert Capa, ni con el Londres de Septiembre puede aguardar. Sin embargo estoy segura de que el lector va a reconocer mi voz, por de esta manera decirlo. Algo en el carácter de los individuos, una forma de hacer atmosferas quizá, de dejar que los que leen vaya anudando cabos por su cuenta, de proteger la emoción. En el fondo, la clave para lograrlo está en el lenguaje. Pienso que es eso lo que los que leen van a admitir", dice.

En 'Nada que perder', Galicia consigue un importancia particular. "Es algo mucho más que un mero ámbito", remarca la autora, de forma especial la región de la desembocadura del Miño y la frontera con Portugal. "Es prácticamente una metáfora de la trama, sinuosa, recortada, llena de entrantes y escondrijos como nuestra costa gallega. También lo es la práctica autóctona de responder una pregunta con otra pregunta".

En este punto, Fortes evoca la figura de Domingo Villar, el escritor gallego fallecido en el mes de mayo. "Era uno de esos escritores inigualables que nos dejó huérfanos a varios leyentes. Tenía un oído muy fino para la calle, de ahí que bordaba los diálogos. Tuvo la excelencia de hacer un personaje inmortal, Leo Caldas, que es lo máximo a eso que un novelista puede aspirar. Tenía eso en común con Vázquez Montalbán. A Leo Caldas y a Pepe Carvallho una se los piensa con perfección distribuyendo mesa en cualquier taberna de Vigo o Barcelona".

Finalmente, interrogada por si acaso piensa que perdura algún prejuicio contra el género negro, Fortes apunta que "posiblemente quede todavía algún prejuicio, pero no entre los que leen, sino más bien entre ciertos críticos un tanto estirados".

No obstante, influye en que "a esta altura absolutamente nadie duda de que 'El largo adiós', por poner un ejemplo, es una pieza maestra, no del género negro, sino más bien de la literatura universal". "Tampoco absolutamente nadie en su juicio puede cuestionar a Patricia Highsmith. Ni a Domingo Villar, a Philip Kerr o a Benjamin Black, por refererir solo a tres de mis contemporáneos preferidos. Al final el género es lo de menos. Sin emoción no hay literatura", concluye.

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