• sábado 03 de diciembre del 2022

Vall de Gallinera, entre la alegría por regresar y el 'shock' por el encontronazo paisajístico del fuego de Ebo

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Ciertas ciudades fueron expulsadas en plenas fiestas de Moros y Cristianos y vuelven con la previsión de "lleno absoluto" en bares

ALICANTE, 20 Ago.

Una semana una vez que se iniciara por la arbitrariedad de un rayo el incendio forestal en Vall d'Ebo (Alicante), que ha asolado unas 12.150 hectáreas de lote en cien km de perímetro, los vecinos de la ciudad alicantina de la Vall de Gallinera pasaron la primera noche en sus hogares con "total normalidad" pero "bastante damnificados" por el encontronazo paisajístico que causó el paso de las llamas por la sierra.

En términos económicos, el ámbito que dejó el incendio no ha supuesto un impedimento, en la mayor parte de ciudades de la Gallinera, a fin de que la multitud regrese a los bares y haya optado por agotar los últimos coletazos de las vacaciones así como lo hacía antes del paso de las llamas.

En esta ocasión, si bien el fuego no llegó a la puerta de las casas, como sí ocurrió en áreas mucho más al sur del interior de la Marina Alta y el Comtat, los pobladores debieron dejar sus viviendas frente a la cascada de llamas que alumbró a lo largo de múltiples noches estos pueblos. En la situacion de Benialí y Benissivà, sus pobladores estaban sumergidos en plenas fiestas de Moros y Cristianos.

Tal y como narran ciertos vecinos a Europa Press, el fuego les pilló "por sorpresa" y les forzó a dejarse "las fiestas a mitad". "Las siete 'filaes' han comunicado que se suspendían los festejos y a todos y cada uno de los que estábamos aquí nos afirmaron que debíamos irnos", cuenta Araceli, la dueña de entre los tres bares de Benialí.

No obstante, la restauradora no dejaba de atender las mesas en el momento en que explicaba el desalojo del pueblo, al lado de Benirrama, ya que múltiples conjuntos de personas se aproximaban para cenar por vez primera allí tras el desalojo. "Fué un desastre, es desolador por el hecho de que se encontraba todo muy verde y habían empezado las sendas de senderismo", lamenta.

En otro lugar del pueblo comunican que al regresar a la normalidad se han encontrado con un "lleno absoluto" de reservas para este fin de semana "más allá de estar prácticamente una semana fuera". "La gente volvió con ganas, de a poco vamos a intentar recobrar la normalidad", señala otra vecina del pueblo.

En Benissivà los vecinos asimismo han regresado a su rutina y han acudido al único bar del pueblo, situado a los pies de La Foradà, entre los picos que corona la Vall de Gallinera, que fué asolada por las llamas. Por último, en Alpatrò, la población que hermosa con Lorxa (El Comtat), describen un panorama completamente distinto.

Varios vecinos afirman que, tras el desalojo parcial del pueblo, la mayor parte de turistas y habitantes eligieron por no regresar. Por su parte, los dueños de bares dan el verano "por perdido" y se resignan a ofrecer servicios a las realmente pocas personas que son comunes y que visitan sus negocios cada noche.

Precisamente, esta ciudad preparaba la celebración de sus festejos en el momento en que les sorprendió el progreso de las llamas a lo largo de la noche del lunes. "Acabamos de ofrecer el servicio de las cenas y la multitud se fue. Esa noche dormimos observando el fuego, el pueblo se quedó vació", afirma la dueña del bar 'Carretera y Manta', de Alpatró.

Igualmente, en referencia a de qué forma quedó el lote colindante con las ciudades, la vecina compara la situación a "estar en la luna" por la vegetación carbonizada. Aún de esta manera, esta población ha recuperado la normalidad, al lado del resto, y regresa a ofrecer cobijo a las familias que descansan y gozan de las noches de verano entre diálogos prolongadas y partidas de cartas a la fría.

Por su parte, los vecinos de Pego, al norte de la Marina Alta, confiesan que pasaron "temor" y necesitan que solo fueron expulsadas unas urbanizaciones de las afueras del ayuntamiento, en tanto que las llamas llegaron hasta la sierra. "El agua fué una bendición pues prácticamente llega hasta el pueblo", señala un matrimonio que descansa al lado de la fuente del Municipio.

Asimismo, otra pareja exhibe su solidaridad con los pobladores de Vall d'Ebo. "Lo perdieron todo pues allí viven de cultivos y se ha quemado todo", lamenta una vecina de Pego. Igualmente, otro vecino cuenta que ha perdido una casa familiar situada en Beniaya (Vall de Alcalà) que tenía múltiples terrenos de manzanos.

El norte de la Marina Alta vió desde alguna distancia el mortal paso de las llamas por los montes del interior de la provincia. Ahora recuerdan lo ocurrido con "temor" y festejan que los pueblos no se hayan quemado.

La ciudad de l'Atzúvia se transformó en el cobijo de los vecinos de Pego y ciudades de la Vall en el momento en que debieron ser desalojados. Una situación que se vió reflejada en un aumento en las reservas de sitios de comidas y bares.

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