La expansión de la ostra invasora Pinctada radiata en el Mediterráneo se acelera por el aumento de temperaturas
El Instituto de Acuicultura Torre de la Sal (CSIC) ha detectado una rápida expansión de la ostra invasora Pinctada radiata en el Mediterráneo occidental, especialmente en las costas españolas. Desde 2015, la presencia de larvas en estas áreas ha aumentado notablemente, vinculada al incremento de temperaturas marinas, que ahora alcanzan récords de hasta 33 grados en algunas zonas.
Este fenómeno se enmarca en un contexto de cambio climático que favorece la proliferación de especies tropicales en áreas anteriormente menos afectadas. La especie, originaria del Mar Rojo, fue introducida en el Mediterráneo en el siglo XIX a través del canal de Suez, y ahora su expansión amenaza la biodiversidad autóctona y los ecosistemas marinos de la región.
La presencia de Pinctada radiata puede generar impactos ecológicos relevantes, desplazando especies locales y alterando las cadenas tróficas. La detección temprana es clave para gestionar estos riesgos, y las redes de monitoreo con colectores de larvas, como la que ha puesto en marcha el CSIC, permiten alertar sobre nuevas colonizaciones con años de antelación.
Este sistema de vigilancia, que cubre zonas desde las Islas Baleares hasta Almería, es económico, fácil de instalar y puede adaptarse para otras especies invasoras. La importancia de mantener y financiar esta infraestructura es reconocida por los expertos, dado el aumento en la frecuencia y extensión de estas invasiones.
El incremento de las temperaturas en el Mediterráneo, que avanza a un ritmo tres veces superior a la media global, facilita la expansión de especies tropicales como Pinctada radiata. Zonas más frías, como el norte del Mar Adriático, permanecen libres, pero la tendencia sugiere que las áreas más cálidas seguirán siendo vulnerables en el futuro próximo.
La proyección a largo plazo indica que, si no se toman medidas de control y se continúa con el seguimiento ambiental, la invasión podría extenderse aún más, poniendo en riesgo la biodiversidad y generando costes económicos asociados a la gestión de especies invasoras. La vigilancia activa y la investigación serán esenciales para afrontar estos desafíos en los próximos años.