El portero del caso canónigo acusa a la víctima de atraer a jóvenes vulnerables para intercambiar sexo en su vivienda.
VALÈNCIA, 26 de enero.
En el inicio del controvertido juicio por la muerte del canónigo de la Catedral de València, asesinado el pasado enero de 2024, el portero del edificio donde residía la víctima ha dejado claro que no sospechaba de nada inusual respecto al único acusado del caso, Miguel. En sus declaraciones, señaló que solo se había cruzado con él un par de veces antes del crimen y que, aunque la víctima, Alfonso, de 79 años, tenía comportamientos ciertamente cuestionables, no le generó ninguna alarma.
El tribunal de la Audiencia de Valencia, que escucha el caso bajo el procedimiento del jurado, ha programado las sesiones hasta el 3 de febrero. El asesinato, ocurrido entre el 21 y el 22 de enero, fue cometido por asfixia, un detalle que añade gravedad a los cargos presentados.
La acusación, representada por el ministerio fiscal, solicita una pena de 28 años de prisión para Miguel, alegando que tenía una relación de amistad con la víctima y que estuvo involucrado en el crimen junto a un cómplice cuya identidad aún se desconoce. Los cargos incluyen asesinato, robo con violencia y estafa, indicando que fue parte esencial de la trama que llevó a la muerte de Alfonso.
El fiscal mantuvo que, aunque no hay pruebas de que Miguel apretara el cuello a la víctima, su presencia en el lugar del crimen fue fundamental para el desenlace fatal. Así, se le considera coautor del asesinato, y se espera que el jurado se pronuncie al respecto.
La defensa, en cambio, rechaza las acusaciones de asesinato, subrayando que Miguel nunca entró en el apartamento esa noche y que no se hallaron pruebas de su ADN ni huellas en la escena. Solo reconoce el uso indebido de las tarjetas de crédito de la víctima, pidiendo una pena leve de un año de cárcel por esto, y un resarcimiento financiero a la familia del canónigo.
El testimonio del portero ha revelado detalles inquietantes sobre la conducta de la víctima, quien supuestamente encerraba a jóvenes en su piso y mantenía relaciones sexuales a cambio de dinero. Según tales relatos, la situación había levantado sospechas entre los vecinos, quienes se mostraban disgustados por lo que sucedía a puertas cerradas.
Relatando la mañana del descubrimiento del cadáver, el portero recordó cómo recibió un mensaje de Alfonso informándole de que se ausentaría durante el fin de semana, lo que le pareció extraño. Más tarde, un amigo de la víctima, alarmado por su inusual ausencia, decidió solicitar ayuda. Al acceder al apartamento, el portero se encontró con un panorama aterrador: Alfonso yacía sin vida, lo que desató una serie de gritos y la llamada a los servicios de emergencia.
A lo largo de su declaración, el portero también evidenció que era común que jóvenes, algunos de ellos en situaciones vulnerables, frecuentaran el hogar de Alfonso. Esta situación, que ya no pasaba desapercibida para los vecinos, acabó generando un ambiente de desconfianza y repulsión hacia los actos del canónigo, cuyo comportamiento había sido objeto de murmullos previos.
Pese a la gravedad de los hechos, la defensa argumenta que Miguel no tuvo ninguna participación en el crimen y que su implicación fue manipulada desde el principio, sugiriendo que las autoridades hicieron un trabajo de investigación deficiente y apresurado, buscando rápidamente un culpable sin seguir adecuadamente las pistas necesarias para esclarecer la situación completamente.
Tags:
Categoría:
Newsletter
Entérate de las últimas noticias cómodamente desde tu mail.