Crónica Valencia.

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Empresas que se adaptaron después de la crisis: la clave es perseverar en lo que se sabe hacer.

Empresas que se adaptaron después de la crisis: la clave es perseverar en lo que se sabe hacer.

VALÈNCIA, 28 de octubre.

El 29 de octubre del año pasado, la llegada de la dana en Valencia alteró por completo la vida de miles de ciudadanos en la 'zona cero'. Comercios con trayectorias largas y otros más recientes se vieron obligados a detener sus actividades para limpiar el desastre dejado por las inundaciones.

Un año después, muchas de estas tiendas han encontrado la manera de resurgir en nuevos espacios, han renovado sus instalaciones o han adaptado su oferta para atraer a la comunidad, motivados por el respaldo constante de sus clientes, según relatan diversos empresarios en reportes de Europa Press sobre el primer aniversario de la tragedia.

Un ejemplo inspirador es el de Nawal Sabrí, quien, junto a su esposo, gestionaba un horno tradicional con 35 años de historia en el Parque Alcosa de Alfafar. Tras la devastación ocasionada por la dana, Sabrí recuerda que su negocio quedó “totalmente arrasado”, y aunque al principio se sintió abrumada e insegura sobre el futuro, el apoyo de los habitantes del barrio le dio fuerzas para seguir adelante y transformar su establecimiento.

Así, Nawal concretó una idea que ya tenía en mente antes de la inundación: transformar el antiguo horno en una pastelería-cafetería donde los vecinos pudieran disfrutar de un espacio agradable y productos innovadores sin necesidad de desplazarse al centro de la ciudad.

“Era necesario crear un lugar así en el barrio, donde las familias pudieran disfrutar de su tiempo juntas, ya que Parque Alcosa carecía de opciones modernas para el esparcimiento”, expresó Sabrí.

Al hacer un balance un año después de la tragedia, Nawal no duda en afirmar que su decisión de reiniciar el negocio fue la correcta. “Mucha gente me considera valiente por haber reiniciado en una zona vulnerable, pero yo prefiero ser optimista y aceptar que lo que tenga que suceder, sucederá”, afirma con determinación.

Para ella, la experiencia la ha acercado más a los vecinos. “Ahora no hay una barrera entre mí y ellos. Me siento parte de esta comunidad, y eso no tiene precio”, añadió. “Aunque el miedo siempre estará presente, hay que dejarlo de lado y centrarse en la necesidad de tener negocios en el barrio”, concluyó.

En Picanya, la dana obligó a la Ferretería Moreno a una renovación total, donde hoy cinco empleados continúan laborando. Su dueña, Elena Moreno, comparte que el establecimiento fue completamente vaciado y requirió una limpieza exhaustiva antes de reabastecerse. La mayor parte del trabajo de rehabilitación fue llevado a cabo por el equipo interno, ya que no había profesionales disponibles en las semanas posteriores a la inundación.

“Nos propusimos modernizar la tienda; no quería seguir con la misma imagen de los 44 años anteriores. Queremos que sea más accesible, con productos a la vista”, comenta Elena, añadiendo que la idea de una renovación existía desde antes del desastre, pero no se pudo llevar a cabo por la magnitud del inventario. “Fue una decisión arriesgada, pero el apoyo de nuestros clientes nos motivó a seguir”, subrayó.

Elena también valoró el respaldo de la asociación de comercios local, Aepi, que facilitó el suministro de productos en un momento crítico, aunque lamentó que la respuesta del gobierno llegó tarde y de manera ineficaz.

“Cerrar nunca fue una opción para nosotros”, enfatizó Elena mientras se emocionaba al hablar sobre el legado familiar que representan sus padres. “Hemos tenido que enfrentar un proceso doloroso, pero al mismo tiempo, hemos tenido que continuar luchando en circunstancias extremadamente difíciles”, comentó.

Mirando hacia el futuro, Elena es cautelosa. “Al principio, las ventas mejoraron, porque éramos una de las pocas ferreterías que volvieron. Sin embargo, está por verse cómo se verá afectado nuestro negocio a medida que la situación se normalice”, expresó.

Rafa Selví, quien representa la cuarta generación de la familia de panaderos en Selví Horno y Pastelería de Aldaia, relató que su negocio, que ha estado en funcionamiento durante siete décadas, se vio desbordado por los gastos imprevistos tras la llegada de la dana. “Teníamos problemas con las cuentas y de repente nos encontramos con la necesidad de limpiar y reemplazar equipos dañados”, comentó.

Para financiar parte de su recuperación, la familia Selví emprendió una campaña de crowdfunding que les permitió recaudar alrededor de 20.000 euros. Además, sus colegas del sector les ofrecieron apoyo en la búsqueda de proveedores y un nuevo espacio de trabajo temporal.

Selví Horno y Pastelería tiene un enfoque renovado. “Aunque nuestra esencia artesanal permanece, queremos que el local sea un sitio dinámico con novedades constantes y actividades para la comunidad”, manifestó. Su objetivo es reinaugurar el negocio en el primer aniversario de la dana, aunque puede que algunas obras requieran más tiempo para finalizarse. “Este es el lugar donde mi padre dedicó su vida laboral, merece volver a abrir y continuar su legado. Es el sustento de mi familia”, subrayó.

Vicente Carcelén, propietario de Carcelén Flors&Events en Aldaia, ha reabierto su floristería, que contaba con 30 años de historia, en un nuevo local tras la devastación provocada por la dana. Durante un periodo crucial como la campaña de Todos los Santos, su tienda fue derruida mientras estaba completamente abastecida. A pesar de las pérdidas, su situación se complicó más debido a la falta de cooperación por parte de su arrendador.

Actualmente, Carcelén opera en un local más pequeño facilitado por un vecino, pero aún enfrenta las deudas con los proveedores y siente que la recuperación aún está lejos. “Vivo con incertidumbre y un poco de miedo porque las obras no se han completado, además de estar decepcionado con las respuestas de la política local”, declaró Vicente.

Por su parte, Ángeles Jerusalén, dueña de Lencería Ángeles en Paiporta, afirma que su negocio sigue lidiando con las secuelas del desastre. Ella se encontraba en su tienda durante la tormenta y solo se enteró de lo que sucedía gracias a la advertencia de una vecina. Reabrió en diciembre con escasos recursos disponibles y recuerda los momentos de apoyo emocional que recibió de parte de los clientes.

Ha sido un proceso arduo volver a la normalidad, y aunque recibió alguna ayuda, siente que la comunidad aún está lejos de una plena recuperación. Además, admite que el temor persiste: “Cada vez que caen gotas de lluvia, todos tememos lo peor”, confesó Ángeles.