Cerdà (UV): "Ustedes aquí no tendrían que haber construido", la lección de la dana del 29O
El geógrafo Artemi Cerdà (UV) plantea reubicar población de zonas inundables tras la dana del 29O y reclama reordenar el territorio y reforzar la prevención.
El catedrático de Geografía Física de la Universitat de València Artemi Cerdà sostiene que la dana del 29 de octubre de 2024 dejó una advertencia clara: determinadas zonas no deberían haberse urbanizado. Así lo expresó en una entrevista con Europa Press, en la que plantea que la sociedad debe decidir si compensa seguir viviendo en áreas inundables que se anegan cada 20 o 30 años, asumiendo el pago de seguros, o si conviene trasladar esa población a zonas no inundables.
Según el experto, la población de los municipios afectados se sitúa en la parte más baja de una cuenca de drenaje, una característica geográfica que, a su juicio, no puede modificarse. Cerdà recuerda que tras la pantanada de Tous en 1982 ya se trasladaron las localidades de Beneixida y Gavarda a puntos más altos, aunque subraya que aquellos núcleos tenían un volumen de población muy inferior al de la zona afectada por la dana y que una reubicación de esta escala sería de coste inviable y siempre conflictiva.
En cuanto a las soluciones hidráulicas, el investigador las considera escasas en el caso de la dana de 2024. Cita la laminación de los picos de crecida y la ampliación del cauce de los ríos con zonas de inundación previas a las áreas pobladas. Descarta los grandes embalses de laminación por el pequeño tamaño de la cuenca, su fuerte pendiente y sus caudales súbitos. Sobre los desvíos de barrancos y los parques inundables, considera que ayudarán a mitigar las crecidas, pero insiste en devolver espacio a los ríos, que, según afirma, se han ido ahogando durante décadas.
Cerdà también atribuye parte del problema a la impermeabilización del suelo por construcciones, carreteras y urbanizaciones, así como a la compactación de los campos por el uso de herbicidas. Por ello reclama una agricultura sostenible en la parte alta de las cuencas. Además, destaca la necesidad de reforzar la vigilancia, las emergencias y los avisos a la población, ya que reconoce que en la dana la población se enteró tarde, y propone simulacros anuales en colegios, viviendas y ayuntamientos.
El catedrático concluye que la respuesta a las inundaciones es una decisión política, pero que depende también de la presión ciudadana y de un acuerdo entre administración y sociedad. Insiste en la necesidad de que la ciudadanía conozca su territorio, como ilustra el caso de Algemesí, donde, según explica, muchos vecinos no sabían que el agua procedía del río Magro, que había inundado antes Requena y Utiel.