VALÈNCIA, 12 de noviembre.
El caos de la tormenta que azotó la región el 29 de octubre de 2024 ha quedado reflejado en las transcripciones de las llamadas de emergencia realizadas a los servicios de teleasistencia. Estas grabaciones revelan la angustia de los usuarios y la atención que intentaron proporcionar los operarios en medio de la crisis. Una de las llamadas provino de un familiar en Utiel, desesperado por no poder contactar a su madre de 90 años, mientras que otra provenía de una mujer de Picanya, quien expresó su temor comunicándose: "Hola, estoy muy asustada".
Recientemente, la empresa encargada de los servicios de teleasistencia presentó a la jueza de Catarroja un informe que detalla las interacciones registradas de seis usuarios del sistema que lamentablemente fallecieron durante la tormenta. Este informe incluye un comentario significativo, que señala que el primer contacto se registró desde Utiel a las 15:51 del fatídico 29 de octubre, en una localidad severamente afectada por el desbordamiento del río Magro.
En el documento proporcionado por la entidad, se incluyen datos sobre cuatro de los seis usuarios, pues en el caso de dos de ellas, no se registró la activación del servicio, ni por ellas mismas ni a través de sus familiares, lo que complica aún más la situación bajo investigación.
La jueza había solicitado grabaciones de las comunicaciones de ese día, tanto entrantes como salientes, de las seis personas que utilizaban el servicio de teleasistencia. La preocupación por la seguridad de estas personas fue palpable en cada uno de los registros.
Una de las llamadas trascendidas por Europa Press muestra a la usuaria de Picanya en un estado de angustia extrema. “Tengo llena de agua”, decía, describiendo cómo el agua entraba a su hogar y la posibilidad de que pudiera caer. El operario le recomendó que buscara una posición elevada, sugiriendo que se subiera a un sofá o cama para mantenerse a salvo.
La abuela le aseguró: “Estoy en el sofá”, mientras la operadora le pedía que no se moviera y se comprometía a contactar a los servicios de emergencia. “Por favor, por favor”, replicó la mujer en una respuesta desesperada. A pesar de los esfuerzos del servicio, no lograron comunicarse con la Policía de Picanya ni con una amiga a la que intentaron avisar de la situación crítica.
En un segundo intento de comunicación, la mujer enfatizó que el agua estaba entrando con fuerza. “Vale, por favor, rápido”, suplicó. La operadora intentó tranquilizarla, asegurando que seguían enviando ayuda. La angustia de la usuaria culminó en un último audio donde simplemente solicitó ayuda, y tras esa llamada, el contacto se perdió.
En el caso de Utiel, fue la hija preocupada quien contactó al servicio, incapaz de comunicarse con su madre de 90 años, que vivía sola. "Estamos inundados", indicó la hija, describiendo que los bomberos habían llegado, pero no podían acceder a la vivienda. A lo largo de una serie de 15 grabaciones, no se logra hacer contacto con la anciana, mientras que los operadores intentan comunicarse con el 112 y la Policía Local, que se mostraba abrumada por la alta cantidad de llamadas recibidas.
A pesar de los intentos de ayudar, los operadores se encontraron con una respuesta contundente de las autoridades, quienes les indicaron que no podían realizar rescates directos y que estaban gestionando las solicitudes a través de un centro de coordinación. Estas respuestas sumaron más desasosiego a la hija, consciente de que el tiempo apremiaba para su madre, de quien tenía noticias preocupantes sobre las inundaciones en la zona.
En varias ocasiones, la hija transmitió su creciente desesperación e incertidumbre: "He hablado con una vecina que asegura que el agua está entrando por las ventanas". A medida que la situación se tornaba más crítica, la operadora intentaba calmarla y le explicaba que, lamentablemente, muchos pueblos enfrentaban la misma situación, pero que estaban haciendo todo lo posible para prestar ayuda en medio de la saturación de servicios.
Esta tragedia pone de relieve la urgencia de revisar los protocolos de emergencia y los sistemas de respuesta ante situaciones de crisis para garantizar que todos los ciudadanos, especialmente los más vulnerables, estén protegidos y atendidos adecuadamente en momentos de necesidad. La comunidad espera respuestas claras y rendición de cuentas sobre la gestión de estas circunstancias críticas.
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