Las fuertes lluvias comenzaron a manifestarse con gran intensidad en el área de los barrancos de Horteta y Gallego, considerados menores en comparación con el de Poyo, aproximadamente una hora antes de que se registraran las precipitaciones en las cabeceras del Poyo.
VALÈNCIA, 2 de mayo.
Un estudio llevado a cabo por un equipo de expertos de la Universitat de València, junto con Avamet y Aemet, examina la incidencia que tuvieron los barrancos de Horteta y Gallego en la devastadora dana que afectó a gran parte de la provincia de Valencia, resultando en la lamentable pérdida de 228 vidas. El análisis se centra en dos hipótesis principales, enfatizando que no se puede atribuir la responsabilidad mayor al Poyo.
Este artículo, que será presentado en 'Investigaciones Geográficas' de la Universidad de Alicante, ha inspirado un avance sobre la delicada situación de la riada del 29 de octubre de 2024, poniendo en el centro de atención a la rambla en cuestión desde el primer momento de la investigación.
Los investigadores subrayan en su informe consultado por Europa Press que el Poyo tiene dos afluentes menores, los barrancos de Horteta y Gallego. El barranco de Horteta se une al Poyo en Torrent, justo antes del punto crítico del amplio abanico aluvial donde ocurrió la inundación.
La magnitud de la riada fue tal que se desbordó desde esa confluencia, inundando la llanura a ambos lados del barranco. Esto se corrobora con las mediciones en el Poyo en el Pla de Quart, que alcanzaron los 2.283 m³/seg antes de que el sistema colapsara a las 18:55.
Los expertos mencionan que se registraron picos de más de 2.500 m³/seg en ciertos momentos, sugiriendo que una vez más se ha apuntado al Poyo como el principal culpable. Sin embargo, tanto el barranco del Gallego como el de Horteta también desembocan sus caudales en el Poyo después del aforo, lo que complica medir su impacto exacto.
Ante este escenario, los investigadores plantean interrogantes cruciales: ¿Quién inició la serie de inundaciones? ¿Cómo contribuyeron estos barrancos al fenómeno? ¿Sus aportes se sumaron al pico de crecida del Poyo, o actuaron de manera independiente en la génesis de la riada?
Para responder a estas cuestiones, sugieren que el camino más efectivo es recrear la inundación mediante un modelo hidráulico que contemple las precipitaciones con el mayor detalle temporal posible. Además, insisten en que es fundamental verificar rigurosamente estos datos, ya que se presentaron numerosos "fallos de registro" durante el día de la tormenta.
Los especialistas destacan que un análisis del tiempo y la distribución de las precipitaciones permite elaborar "hipótesis bastante confiables".
En sus estudios sobre la evolución de las lluvias del 29 de octubre, ya surgen indicios claros, como que la precipitación entre las 16 y 19 horas en la parte de la cuenca aguas abajo del aforo fue notablemente mayor que en la zona aforada.
Asimismo, concluyen que la lluvia comenzó a caer en abundancia en los barrancos de Horteta y Gallego al menos una hora antes que en las cabeceras del Poyo. Aunque la parte baja de la cuenca aforada mostró un comportamiento similar a la zona no aforada, su contribución fue inferior a un tercio del total.
Es interesante señalar que los aportes de lluvia en la parte aforada demostraron picos en dos momentos, a las 18:00 y 20:00 horas; siendo este último el instante en que las lluvias en los barrancos Grande y Chiva ya superaron a las del resto de la cuenca.
En síntesis, sugieren que podría haber ocurrido que Horteta fue quien "golpeó" primero, apoyado por Gallego, y posteriormente se sumó el agua de la parte baja de la cuenca de Poyo, el afluente mayor que ha cargado con la responsabilidad del desastre. Este flujo adicional del Poyo también enfrentó un "obstáculo" ya que parte se desvió hacia el noreste, desembocando en la cabecera de la rambla de Saleta.
En última instancia, los investigadores concluyen que solo hay dos posibilidades: o bien se combinaron los picos de Horteta, Gallego y la sección baja de Poyo (que rompió el aforo con 2.000 m³/seg), lo que permitiría que la riada se triplicara o más, o bien Horteta golpeó primero seguido de Gallego y Poyo, con una cierto amortiguamiento del pico de crecida.
“Lo que no puede afirmarse con certeza es que la principal responsabilidad recaiga en las cabeceras de Poyo, cuyos aportes fueron más tardíos y distantes del punto crítico del abanico aluvial”, afirman.
Los autores de este análisis son Alejandro J. Pérez Cueva (UV), Rafael Armengot Serrano (Avamet), Ghaleb Fansa Saleh (UV), José Ángel Núñez Mora (Aemet) y Adrià Revert Ferrero (Avamet).
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